lunes, 27 de julio de 2009

Recuerdos que (no) voy a borrar.

Cuando escuché su voz en el teléfono, con esa voz acongojada entre resfriada y una tristeza que me rompía el alma, no me quería ir.
Días antes me había quedado helado, muchas cosas habían fluido tardíamente al exterior y el miedo, normal en todas las personas, parecía posarse en mi cabeza.
Los tiempos han pasado, las personas han cambiado, la temperatura ha subido, mis huesos han crecido, y sin embargo, queda algo en la línea del tiempo, y una imagen, a veces buena (la mayoría de la veces no) en la retina de mi ojos.
Aquella noche caminé hasta que dejé de sentir mis pies. Corrí hacia el norte y luego doble al este, me di la media vuelta hacia el Oeste, y luego quise volver al sur.
El teléfono aún sonaba, tal como lo hace en este momento, o es sólo en mi cabeza que escucho ese eco, que en el fondo quiero escuchar, anhelo escuchar, necesito escuchar.
El invierno ha hecho la noche un poco más helada, y mientras todos se han ido a dormir, y mis dedos, congelados por el frío, sólo atinan a escribir versos sin sentidos, pareciera que la ausencia hace las noches aún menos cálidas.
Otra vez se acerca esa sensación, la puedo sentir caminar lentamente hacia mí, como queriendo que me asuste, que la recuerde con ese temor que le tengo, esa sensación de pedir al cielo que llueva, e ir a posarme en ella para lavarme. Para desaparecer
Aquella noche caminé más de la cuenta. Y en un viaje de introspección a mi cabeza, viví como en un pensadero cada una de esas escenas. Algunas buenas, otras no.
Recordé la vieja sala de clases y agité mi cabeza, no quería recordar más.
Y lo vi, entonces noté el paso del tiempo y me dije "Ya no eres", ya el tiempo avanzó, no tiene porque ser como antes.
Recordé la vieja sensación de tomar tu mano, de hacernos uno al caminar. ¡Dios mío! como pasan casi diez meses sin que uno lo note. Pero recordé lo difícil de expresar lo que me hace sentir, y fue entonces cuando dejé de escribir.
Recordé la sensación de tu boca en la mía esa tarde soleada, donde inesperadamente, y sin proponerlo, sin quererlo, me quise quedar ahí. Pero la memoria no me está ayudando esta noche, y tal como me regaló una indulgencia al quitar esas imágenes de mi cabeza, en este momento me saca el recuerdo, dejandome perplejo. Justo ahora que me quería quedar...

Hoy es una noche fría de invierno, y al parecer, no aparece nada que la haga mejorar.
Será el cansancio, será tu ausencia, será mi culpa...
Por algo será.

Un abrazo
Felipe.