Buenas noches.Hace ya un buen rato que no subía algo al blog, y la verdad de las cosas, no le hago mucha propaganda por lo mismo, pero tengo fe que algún día llegará el golpe, escribiré muchas entradas, muy seguido, y esto se hará famoso... hasta entonces puedo esperar xD.
He estado pensando últimamente en la memoria y el valor que tiene en nuestra vida, y es de eso de lo que quiero compartir mi visión hoy con ustedes.
Desde pequeños se nos habla de la memoria como la capacidad de las personas para poder retener vivencias pasadas y mantenerlas en nuestros recuerdos.
Pero además de la memoria personal, existe una memoria social, aquella que nos da una identidad. Yo no hablo de la memoria histórica, no hablo de la memoria que nos ayuda a recordar grandes hechos mundiales, como guerras o tratados. Yo hablo de una memoria que le da la escencia a nuestra sociedad, a nuestro grupo más humano, esa memoria que nos ayuda a recordar por generaciones la cazuela de la abuela, o la receta del pan amasado, la memoria colectiva que mantiene vivo recuerdos como el gol de Leonel Sanchez que hizo celebrar a un país completo el año 62`, hablo de la memoria que nos da la escencia de nosotros como un todo, de lo que nos hace recordar que somos personas, que tenemos sentimientos y que nos mantiene unidos, la memoria que nos conserva como un todo, esa memoria que hace poco poco más humano este mundo que por estos días está tan inmundo.
Pero la memoria, en muchas ocaciones, nos juega en contra, pensemos en todos los malos recuerdos que por ella conservamos, pero es desde ese punto de vista, es que esta particular capacidad de retener hechos ya dejados atrás en la línea del tiempo, nos ayuda a ir creciendo a medida que va avanzando el reloj. Por ejemplo: Cuando recordamos que nos equivocamos y asi intentamos no cometer los mismos errores, le hacemos el quite a tropezar dos veces con la misma piedra, y es de ese modo como vamos creciendo como personas. Con esto último siempre recuerdo una frase que me decía: "La vida se escribe hacia adelante, pero inevitablemente la entendemos hacia atrás."Todo esto nace de una conversación que tuvimos hace unos días con mis mejores amigos de básica, José Luis y Diego. La verdad de las cosas es que se extrañaban mucho esos recuerdos. Es que cuando uno comienza a pensar en las cosas que ha ido dejando atrás, en todas esas personas que se quiso llevar y que lamentablemente no pudo, es imposible que no te brillen los ojos y comiences a evocar todas las imágenes, por muy fugaces que sean, de ciertas cosas que te hicieron mejor persona. Recordábamos la vieja escuela, los partidos de ping-pong o de baby futbol hasta que cerraban el colegio, las distorciones dentro de la sala de clases, y el inolvidable "Cristo Joven", el grupo de misioneros que animábamos cuando cursábamos 8º Básico. Recordábamos las primeras mariposas en la guata que venían con la primavera, y la tristeza de los últimos días, cuando se aproximaba un adiós inevitable.
Personalmente me acordé de las semanas salesianas, de las competencias por alianza, de como comiamos ostias en la oficina del Pato (el cura, amigo, que coordinaba la pastoral juvenil). Yo recordaba los ricos aves mayo de los domingos en la mañana, cuando apoyábamos en los retiros de los apoderados, y como olvidar los retiros de los niños, que inspirados en la imagen de Gandalf y Frodo, veían reflejadas las imágenes de Don Bosco y Domingo Savio. De los revoltosos niños de primero básico que trabajaban construyendo una casa en su primer retiro espiritual. Me recordaba de los retiros por una semana cerca de Rancagua,
en las casas de los salesianos, y de esas canciones que tocábamos con guitarra hasta las 4 de la mañana. Recordaba mi afán por irme buscando bichitos a la orilla de la línea del tren, o de los entrenamientos en 21 de mayo, de los partidos de los sábados. Y cómo olvidar la clásica metáfora de los ríos que nacen en la cordillera y desembocan en el mar, para culminar nuestro proceso en el colegio.
Creo que la memoria me ha ayudado bastante, pero no para aprender a memorizar fórmulas matemáticas, ni oraciones, o poemas, o nombres de personas. Me ha ayudado porque gracias a las buenas (y claro, otras tantas malas) cosas que he ido dejando en el tiempo y que hoy he ido recordando, he ido creciendo, me he ido convirtiendo en la persona que soy, y estoy seguro que en un par de años más, cuando vuelva a leer lo que les estoy diciendo ahora, volveré a aprender algo más de ese niño que seguía mariposas en la línea del tren, que ahora siente esas mariposas, en algunas ocaciones, en el estómago, y que más tarde, cuando yo me muera, se posarán en mi piel.
Asi que para despedirme, sólo invitarlos a recordar las cosas buenas del pasado, volver a enamorarse de uno mismo, de ese niño sin preocupaciones que dejamos atrás. De los malos recuerdos, analizar los errores y aprender de ellos, superarlos, sólo así podemos ir creciendo. Y porfavor, que con todo lo que el mismo pasado nos ha ido dejando, dense la oportunidad de crecer desmedida, ilimitadamente, para que después, a los que no saben como hacerlo, se lo podamos enseñar, le podamos entregar esa pequeña parte nuestra, y que el recuerdo ya no sea individual, sino social, más humano, y que quede en la memoria colectiva, como la vivencia que nos hizo mejores personas.Para los que quieren dejar su mensaje y comentar al respecto, les pido que respondan:
¿Cuál es el mejor recuerdo de lo que has ido dejando atrás? ¿En qué te ha ayudado a crecer?
Mis abrazos, mis cariños.
Carpe Diem
Fele =)




